Domingo, 7 de la tarde, y la Catedral se viste de gala para afrontar uno de esos grandes días, uno de esos partidos que marcan las posibilidades reales de un equipo en la lucha por un objetivo. Enfrente, el Villarreal, un nuevo rico de la zona noble de la tabla, un flamante cuartofinalista europeo, de bello fútbol e irregulares resultados en las últimas fechas, al menos en liga.
Empieza avisando el Athletic, característica principal de los rojiblancos. Fútbol agresivo, directo, y de fuerte ritmo en los inicios de partido. Podría sufrir el submarino, posiblemente cansado tras su batalla europea. Pero una ley no escrita del fútbol anuncia que "quien perdona, paga", y cuando tienes enfrente a un rival de tal magnitud, esta posibilidad se multiplica. El Villarreal se adueña del balón, y aunque el dominio no se traduce en ocasiones, el temor ronda la grada, que empieza a animar, alentando a su equipo.
El Athletic, en volandas por un San Mamés a rebosar, se recupera del fútbol elaborado y de toque cansino del enemigo, y comienza a marcar las pautas con las que se llegaría al descanso. La fuerte presión ejerce un agobio excesivo para la zona defensiva del Villarreal, que empieza a ver como se suceden oportunidades ante la meta defendida por Diego López. Pero el Athletic no acierta, y volvemos a lo del perdón y el precio que supone.
Tras el paso por los vestuarios, los visitantes demuestran el porqué de su magnífica situacion liguera. Demuestran que saben ganar en su juego, y en el del rival. Y demuestran, incluso, que saben manejar al fiero león como si fuera un tierno gatito. El Athletic comienza a caer en la desesperación, marcada en la cara de un Fernando LLorente que se ve incapaz de superar a los centrales, y que en la rara ocasión en que lo consigue, se topa con uno de los mejores guardametas del campeonato. Un Fernando Llorente que, al igual que sus compañeros, tiene serias dificultades incluso para no caer en fuera de juego. Y es que lo de ayer, en ese aspecto, fue realmente escandaloso.
Y el Villarreal mata. Es lo que tiene haberse convertido en un grande. Puedes estar desaparecido toda una tarde, pero en esto del fútbol consiste en que entre la pelotita, aunque sea la primera vez que te acercas al arco rival. Un Borja Valero estelar coloca el balón en el corazón del área para que Marco Ruben cabecee a la red, acabando con las esperanzas rojiblancas de colarse en Champions. Y es que a partir de entonces, el Athletic buscó el empate, pero con más corazón que cabeza.
En definitiva, 12 puntos de diferencia que presentan el cuarto puesto como una quimera, y poco habrá que tardar en reaccionar si se pretende asegurar un billete para Europa, aunque sea en segunda clase.
PD: Me gustaría dejar este espacio final para hacer referencia a Borja Valero. Vaya jugador. Un futbolista exquisito con el balón en los pies, no exento de recorrido y esfuerzo físico, al que no logro entender cómo le pudo dejar escapar el Real Madrid.
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